“Tikun Olam”

“Tikun Olam”


Siempre he sostenido que viajar es crecer mental y espiritualmente. Pareciera como si el traspaso de las fronteras físicas entre geografías nos hiciera al mismo tiempo derribar las barreras mentales con las que nos acostumbramos a vivir. Hoy comparto una reflexión inspirada en un reciente viaje a Israel. Cómo siempre al iniciar una travesía nuestra mirada se transforma y se dispone a recibir todo con una suerte de mente infantil que experimenta todo por primera vez.

Debo confesar que no sabía mucho del ecosistema de innovación de este país hasta que se presentó la oportunidad de viajar en una vista con un grupo de empresarios para conocer algunas start ups y experiencias en diversas industrias. Israel es sin duda ejemplo de resiliencia y determinación. Y de allí se deprenden muchas de las realidades que hoy se pueden experimentar en una ciudad como Tel Aviv cuyo nombre hebreo traduce: la colina (Tel) de la primavera (Aviv). Diría que no en vano la palabra primavera cabe en su nombre como simbología de un renacer después del invierno. Una ciudad que se sitúa en lo que fueron dunas de arena, tierras poco fértiles y que hoy en día ha logrado solventar la escasez de agua y en la cual florecen al año cerca de 1000 startups que captan alrededor de US$25.600 millones.

Después de conocer de cerca las historias de inversionistas y empresarios puedo decir que el calificativo de Israel de Start Up Nation proviene de un arraigo histórico, religioso y cultural que hoy ve florecer las semillas de una visión unificadora del mundo. Una de las palabras que más escuché en las conversaciones con los israelís que generosamente nos hablaron de innovación fue Tikun Olam que significa reparar el mundo. Una visión que parte del deseo genuino de restaurar las relaciones entre las personas y lograr la unidad más allá de las fronteras para transformar positivamente el mundo. Esta visión al unísono con un deseo de innovar hace que la cultura del progreso se nutra de un compromiso con construir un mejor planeta. En Israel los valores son el motor de la energía creativa que permite que se generen ideas de negocio transformadoras en el ámbito sostenible.

El ADN de la cultura de innovación de Israel está compuesto de una serie de cualidades e ideas que nutren una noción de futuro colmado de posibilidades y de inventiva. Los empresarios demuestran que la apertura y la generosidad para compartir las ideas generan nuevos escenarios de creación para otros. Me sorprendió su capacidad para contar cada una de las historias de sus emprendimientos con una admirable pasión, un convencimiento y una claridad que son inspiradoras. El espíritu guerrero los hace intentar las cosas una y otra vez sin temer al fracaso que se convierte en una recompensa para un nuevo comienzo.

“Cada piedra con la que tropiezas te ayuda a saltar” es un poderoso aliciente para los innovadores. El deseo de dejar el mundo mejor y de abrazar con sabiduría la adversidad hace de la innovación un propósito colectivo. Un gobierno que tiene como prioridad el fortalecer la triada política-educación-empresa y un pueblo resiliente que ha tomado grandiosos aprendizajes de su historia para ponerlos al servicio del progreso son una gran fórmula para asegurar un futuro sostenible e innovador. Si algo me llevo de este viaje es la certeza de que la tierra prometida es aquella en la que los hombres encuentran su propósito y lo ponen al servicio de los demás para construir un mundo mejor.

Tikun Olam es una invitación para que todos reparemos al mundo a través de la innovación, una innovación trascendente que busca dejar una huella positiva e imborrable para el planeta.



Tomado de La República

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