Se abre una ventana para prevenir la violencia contra la niñez

Se abre una ventana para prevenir la violencia contra la niñez



“Definitivamente, mi hijo mayor, que ahora tiene 22 años, llevó del bulto. Yo era una madre muy joven, de 17 años, y lo reprendía como podía.
Le daba coscorrones, le pegaba con la chancleta cuando no le iba bien en el colegio
. En cambio, con la niña de 14 y con el niño de 7 años, las cosas son diferentes. Con ellos estoy poniendo en práctica lo que nos dijeron de dialogar, motivarlos y jugar. Eso ha resultado mucho mejor”.
Las palabras de una madre del municipio de Yaguará, a 45 minutos de Neiva (Huila), evidencian que las prácticas de crianza basadas en el castigo físico pueden ser modificadas si padres, madres y cuidadores comprenden que
la crianza debe estar basada en el amor y el respeto y no en los actos violentos.
“Hay en un efecto evidente en las personas que participan en ejercicios que las llevan a tomar conciencia frente a las acciones que realizan en la crianza.
Que les posibilitan reconocer al niño o niña como un par al interior de la familia. Las relaciones dispares, verticales, entre padres e hijos son las que permiten que se dé el castigo físico”, explica el psicólogo Jaime Castro Martínez, director de Investigación y Laboratorio del Politécnico Grancolombiano.

Esta universidad, la Nacional y La Sabana evaluaron y midieron el impacto de la estrategia Crianza Amorosa + Juego, desarrollada entre 2020 y 2022 por la Consejería Presidencial para la Niñez y la Adolescencia y la Corporación Juego y Niñez. El propósito de la estrategia fue
dar los primeros pasos hacia una gran transformación cultural que contribuya a cambiar prácticas y normas de crianza soportadas en la violencia y las desigualdades
entre géneros, adultos y menores de edad por unas basadas en el respeto, el amor, el juego en familia y el diálogo. En otras palabras, su objetivo fue generar un consenso de cero tolerancias a la violencia.

Martínez fue el coordinador del estudio en el que participaron cuatro investigadores, cuatro analistas y más de catorce profesionales de distintos campos del conocimiento de centros y grupos de investigación de las tres las universidades. Su misión fue revisar los resultados de los cuatro compontes de la estrategia: formación, participación de niñas, niños y adolescentes, implementación de herramientas lúdico-pedagógicas y movilización social, todos con un mismo objetivo:
fortalecer los entornos donde crecen y se desarrollan niñas, niños y adolescentes para prevenir las violencias contra esta población.
Como lo muestran las cifras, a diario niñas, niños y adolescentes son víctimas de diferentes tipos de violencia.
La violencia sexual, el maltrato, la alta permanencia en calle, el trabajo infantil y el abandono son las principales violencias que los afectan
y por las cuales el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) los pone bajo su protección.

Según la coalición NiñezYA,
entre 2020 y 2021 aumentó 12 por ciento el número de niñas y niños en Proceso Administrativo de Restablecimiento de Derechos (PARD).
Mientras que el ICBF reportó en 2020 la apertura de 39.986 procesos para niñas, niños y adolescentes por vulneración de sus derechos, en 2021 el número llegó a 45.452.
Unicef, además, ha señalado que
seis de cada diez niñas y niños entre los 2 y 14 años sufren de manera habitual castigos físicos
de manos de quienes los cuidan, afectando gravemente su desarrollo.

Precisamente, el impacto negativo que tiene el castigo físico en el desarrollo de niñas y niños fue uno de los asuntos que enfatizó la estrategia en el componente de formación a los servidores públicos, madres, padres y cuidadores.
A través de un curso virtual y asesorías técnicas mostró a los participantes los impactos que tiene en la niñez el castigo físico, los tratos crueles, humillantes o degradantes.
De igual forma, explicó los conceptos relacionados con los tipos de violencia que se ejercen contra esta población y otros elementos como el cuidado, la protección, la atención a las violencias, el apego y el vínculo afectivo. Asimismo, abordó la crianza amorosa y el juego como factor protector, con el fin de empezar a transitar hacia una crianza con límites, respeto y libre de violencia.

“De esta manera madres, padres e hijos empezaron a darse cuenta de que la relación puede ser diferente y que la comunicación es la manera de mediar el establecimiento de normas o expectativas de comportamiento. Así se logró una mayor comprensión del otro, pues no solo era de padres hacia el hijo o hija.
A los niños les permitió entender por qué los papás establecían la norma e incluso cómo relacionarse con otros niños.
Definitivamente abrió una ventana para prevenir la violencia”, explica Martínez.

Los padres de familia que participaron comprendieron, entre otros asuntos, que la palmada, el grito y el chancletazo son formas de violencia y sinónimo de que no se pueden regular los impulsos y las emociones. Que es mejor respirar y acudir a la conversación.

La mamá de Yaguará fue uno de los casi 670.000 padres, madres y cuidadores de diferentes zonas del país que participaron en la estrategia en los distintos componentes, que también convocó a 11.868 servidores públicos e impactó de manera directa e indirecta a 6.900.000 niñas, niños y adolescentes.

Hoy ella asegura que se siente con más
herramientas para criar con amor y paciencia a sus hijos
y se arrepiente de lo que vivió con el hijo mayor. “Me sirvió para reflexionar sobre la relación con mis hijos. A veces uno es solo trabajo y les dedica poco tiempo. Hay que jugar en familia y comunicarse con ellos”, dice.

Sergio Samuel Bolívar, de 14 años, de Paipa (Boyacá), es uno de los niños que participó en la estrategia, al igual que sus papás.
Cuenta que les ayudó a entender que necesitan más momentos para conversar sobre las situaciones que les suceden
, y a él, en particular, a tener una mejor relación con su hermano de 8 años. “La otra vez llegué y el cubo rubik estaba roto. Le pregunté a Samir qué había pasado. Me relajé y hablamos. Él estaba muy asustado porque se puso a armarlo y desarmarlo y se le rompió. Me sentí muy bien por no haberlo gritado. Es un niño pequeño y el grito no era lo adecuado”, asegura.
Para Martínez, y como consigna el estudio, es claro que esta estrategia es un paso importante en la ruta de prevención de la violencia.
Se requieren ajustes, como por ejemplo que en el proceso se involucren a más hombres y a los maestros
, así como a quienes están estudiando para licenciaturas, porque la escuela es un entorno mediador y transformador. “Necesitamos más tiempo de trabajo en todos los territorios. Los talleres, los foros, las charlas cambian la información o el conocimiento, pero se requiere un ejercicio prolongado y constante para que se rechace la violencia en todas sus formas”, asegura.
Por su parte, Ruth Camelo, directora ejecutiva de Corporación Juego y Niñez, agradece que se haya podido realizar la estrategia a nivel nacional con el apoyo de gobernadores y alcaldes para dar luces sobre qué se debe hacer para lograr una crianza amorosa. “La investigación corrobora con
las personas que participaron que sí es posible transformar los imaginarios, creencias y prácticas
que se tienen sobre cómo educar a niñas y niños. Comprendieron que el juego en serio y los límites con amor son las mejores herramientas para la crianza. Que el juego es un lenguaje que potencia el desarrollo socioemocional y es un factor protector contra la violencia”.
El estudio realizado por las universidades Nacional, La Sabana y Politécnico mostró que:

Se logró reducir el imaginario de castigo físico=método
para educar. De 7% de padres, madres y cuidadores que inicialmente validaban el castigo físico como una opción viable de educación, el porcentaje disminuyó a 2%

Aumentó el número de madres y padres que entienden
efectos negativos del castigo físico
. 50 % de padres, madres y cuidadores inicialmente reconocían los efectos negativos y pasó a 70%

Sí sirvió para transformar a los adultos. 90% de las niñas, los niños y los adolescentes participantes de la estrategia de Crianza Amorosa+Juego consideró que logró cambios en las
personas adultas en la manera en la que se relacionan con ellos.
Las palabras cuentan en la crianza.
72,2% de niñas, niños y adolescentes relacionaron la crianza amorosa con palabras
como: amor, cariño, respeto, protección, cuidado, tiempo, comunicación, felicidad, educación, unión, apoyo, buenas relaciones, hablar, valorar, enseñar, escuchar, consentir, convivir, abrazar, compartir, entender, tratar bien, ambiente sano, confianza, aprendizaje, juego, inclusión, familia, hogar, tolerancia, vida saludable, crecer y guiar.

Qué sienten cuando los castigan físicamente.
Niñas y niños dijeron que sienten dolor, tristeza, desconfianza y miedo.
También que algunos padres, madres y cuidadores sienten ira, tristeza y culpa al ejercer esa violencia porque en ocasiones les piden que “no le digan a nadie” cuando usan la violencia y otras veces la justifican diciendo que es “porque los aman”.
Qué piden niñas y niños. Tener en cuenta sus sentimientos y los motivos de sus comportamientos. No usar la violencia. Enseñar, disciplinar e instaurar límites acordados con amor. Jugar con ellos, escucharlos de manera activa para construir juntos entornos en los que se sientan más seguros.



Tomado de el Tiempo.com

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