Más que dar educación, lo que hacemos es un servicio social’: Uniminuto

Más que dar educación, lo que hacemos es un servicio social’: Uniminuto



La Corporación Universitaria Minuto de Dios
(Uniminuto) es una de las universidades más grandes del país, con estudiantes en todos los rincones del territorio nacional. Toda una hazaña, en especial para una institución privada que se impulsa con recursos propios y que el año pasado cumplió sus primeros
30 años
de existencia.
Desde 1992 esta institución ha cumplido, en palabras de su rector, el padre
Harold Castilla
, una misión social, más allá de solo su función educativa. No es para menos. El sector privado ha sido asociado con educación para los de mayores recursos, pero en Uniminuto el 94 por ciento de los estudiantes son de estratos 1, 2 y 3.

¿Cómo logró esta universidad en tan poco tiempo superar los 100.000 estudiantes (lo cual ni instituciones centenarias en el país han logrado)? El padre Castilla habló con EL TIEMPO sobre esto, los
planes de expansión
de Uniminuto y los que considera que son los principales problemas de la educación superior.

Uniminuto
durante todo 2022 celebró sus
30 años
de existencia. Es un proyecto con una obra social significativa en el país, que cuenta con una gran apuesta educativa que corona los grandes sueños que el padre
Rafael García-Herreros
desde siempre tuvo con la educación como factor de desarrollo humano, social y sostenible, de transformación de vidas y de territorios.
En estos años la universidad se ha consolidado como uno de los proyectos de educación superior más importantes de este sector en Colombia. Hemos llegado a muchos territorios de la geografía nacional, hemos formado a más de 170.000 egresados, lo que significa un número impresionante, con un sello propio, con sus valores y principios, porque nuestra misión no es solo graduar, sino formar y ayudar en la construcción de
proyectos de vida
, con competencias y habilidades, pero ante todo personas con ética y valores.
Así es. Actualmente contamos con 12 rectorías en todo el territorio nacional. Con ellas, hoy tenemos presencia en 67 municipios del país, en los cuales
105.000 estudiantes
cursan sus estudios en
210 programas
, en las modalidades presencial, virtual y a distancia. Y también hemos tenido la fortuna de expandirnos fuera de las fronteras nacionales, como es el caso de Costa de Marfil.
Este es un proyecto educativo en el que buscamos aportar a la sociedad más allá de solo compartir conocimientos y preparar profesionales. Hacemos un trabajo intenso para que los contenidos de los programas sean acordes con los territorios y las regiones. Es importante que las personas para estudiar no tengan que migrar, que puedan prepararse en sus lugares y ayudar al desarrollo de estos territorios. Eso es lo que queremos, ser un aporte a la construcción de país desde las diferentes partes de la nación. Es
darles la oportunidad de estudiar a quienes, de otra manera, no tendrían la posibilidad de ingresar al sistema.
Tenemos una cantidad importante de programas académicos que son relevantes en diferentes escenarios, entre ellos las regiones y la ruralidad. Por años también hemos trabajado en el desarrollo significativo de diferentes modalidades de la prestación del servicio educativo, desde la
presencialidad, la educación a distancia
(en la que incursionamos hace más de 20 años) y, más recientemente, un esfuerzo en la educación virtual. Conocer esas necesidades y dar facilidades de estudio es lo que nos permite hoy estar en
23 municipios del país.
Cuando empezamos con esta idea de
salir de Bogotá
y llegar a otros lados, entendimos la necesidad de que el costo fuera otro, distinto al que ofrecen normalmente las universidades privadas, que puede ser muy alto. Esto porque, primero, no se debe encarecer el servicio aunque los esfuerzos iniciales por llegar a un territorio son enormes.

La estrategia permanente del Minuto es buscar alianzas, apoyos, recursos, porque entendemos, de nuevo, que nuestra misión es quitar barreras, para que los jóvenes entren en la educación superior, pero también que permanezcan y efectivamente se gradúen, y que al salir como egresados realmente encuentren oportunidades de empleo o de
emprendimiento
. Entendemos que nada de esto sería posible sin nuestros aliados, que han hecho posible que
Uniminuto
cumpla este cometido.
Este fue un año muy importante, no solo por el aniversario. Antes de la pandemia ya estábamos trabajando en la construcción de nuestro plan de desarrollo. Desde entonces nos planteamos muchos cambios. Con la pandemia, mucho de eso se suspendió porque hubo que atender esta contingencia. Ahora, en 2022 fue efectivamente el gran regreso a las actividades presenciales, continuamos con la construcción del plan de desarrollo a 2030, en el que fuimos acompañados por una consultora internacional que nos ayudó a identificar oportunidades de mejora, que había cómo explotar aún más nuestro potencial en marketing, el componente social, la calidad, entre otros aspectos. Desde entonces estamos con la implementación de un proyecto de
transformación
fruto de ese trabajo previo y esperamos encontrarnos con muy buenos resultados.
La verdad es que la universidad ya tenía importantes avances en educación virtual y de hecho fue una de las instituciones que estuvieron en el plan padrino del Ministerio de Educación, donde apadrinamos a otras tres instituciones, transfiriendo conocimientos y apoyándolas en esa
digitalización
. Entonces creo que supimos adaptarnos, logramos dar apoyos a nuestros estudiantes para que se mantuvieran al frente de sus estudios. Claro que fue retador, que el cumplimiento de las medidas y el atender a más de 100.000 estudiantes sin tener contacto físico con ellos fue difícil, pero, viendo hacia esos años, creo que hicimos una buena tarea. Lo que sí pasó es que esta emergencia nos ayudó a darnos cuenta de que necesitábamos seguir haciendo innovaciones.
Yo creo que, más que una amenaza, son una oportunidad para las instituciones, pero en especial para los estudiantes. De hecho, en Uniminuto tenemos alianzas con algunas de estas empresas, en las que los cursos que estas ofrecen hacen parte de los currículos; esto como parte, precisamente, de ese proceso de transformación. Lo que ofrecen las universidades es irremplazable, pero lo que a su vez ofrecen estas plataformas es de gran valor para los jóvenes. Ellos han sentido que el modelo les está ayudando a obtener sus certificaciones, a tener un portafolio de aprendizaje más amplio a través de este nuevo lenguaje del paradigma educativo, que les permite tener unos conocimientos extra que les ayudarán en su carrera laboral, en empleabilidad y emprendimiento.
Hay varios muy importantes. Por ejemplo, están las transformaciones digitales, que está en todos los sectores de la sociedad, la economía y el mundo del trabajo, no solo en la
educación
. Como estamos llamados a formar el talento humano, tenemos que saber preparar a los jóvenes para ese mundo, ser los primeros en adaptarnos, y muchas veces las universidades son, por el contrario, las que llegan de último. En Colombia necesitamos realmente poner mucha atención en todo lo que implica ese cambio. Y eso nos lleva a otro punto: el modelo educativo debe ser más flexible. Hoy, muchas de esas transformaciones no son posibles o son muy lentas por esa falta de flexibilidad, y es necesario que las instituciones tengan las herramientas para adaptarse en temas de contenidos, de registros calificados, de certificaciones, etc. En un tiempo razonable. Todo esto va de la mano con cambios en la normativa y el ente regulador, algo en lo que vemos voluntad en este nuevo Gobierno. Debemos repensar la normativa y los procesos de calidad.
Debemos pensar en un modelo que vaya más allá de cumplir con un checklist para obtener una certificación o un registro calificado, de cumplir con indicadores, entre otros. Necesitamos generarle al sistema una confianza mayor en los procesos de autorregulación y autoevaluación. Es un tema grueso que si lo logramos superar, permitirá cumplir algo que ha sido una demanda por años del estudiantado, de los jóvenes, y de la sociedad en general: que la formación que brinden las universidades realmente sea pertinente, sea útil para la vida, no sean contenidos y modelos anacrónicos, sino que constantemente se renueven para responder a las necesidades actuales de la sociedad y el mundo laboral.
MATEO CHACÓN



Tomado de el Tiempo.com

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