Los mejores maestros de liderazgo

Los mejores maestros de liderazgo

Es en el seno de los hogares donde nace y comienza a desarrollarse la semilla del liderazgo.

Como profesor de Liderazgo y periodista que ha entrevistado a más de 1.300 líderes, me preguntan con frecuencia dónde y cómo se forman los líderes. Esta es mi respuesta: en los hogares donde fueron criados, con el ejemplo de sus padres y madres y otros familiares y amigos cercanos.

Es cierto que en los colegios y universidades se puede –y se debe– enseñar cuáles son los atributos claves del liderazgo. También es posible –y deseable– hacerlo en las organizaciones privadas y públicas donde labora la gente. Y por supuesto conviene aprender de múltiples fuentes (hay muchos excelentes libros, documentales y audios) sobre lo que hombres y mujeres hicieron para dejar una huella positiva y perdurable en las sociedades y épocas en las que ejercieron su liderazgo. Pero estoy convencido, después de varias décadas de estudio y trabajo sobre el tema, de que es en el seno de los hogares donde nace y comienza a desarrollarse la semilla del liderazgo.

Los comportamientos, las actitudes, los principios y valores, y el carácter de nuestros progenitores y otros familiares (de manera destacada los abuelos), tienen una gran influencia en lo que será nuestra forma de vivir y el propósito de nuestra existencia. Esta realidad, bastante obvia, tiene sin embargo particular importancia en la creación de la esencia del liderazgo, que es la vocación de servicio. Es decir, el deseo de hacer un aporte valioso al bienestar de la sociedad. Contribución que puede hacerse en cualquier actividad, a todo nivel y en formas diversas, pero con el común denominador de dejar un legado que impulse el progreso de una comunidad.

Dicha voluntad de servir se nutre del ejemplo. Padres y madres, y demás familiares que con su labor, sus conductas y su civismo muestran qué se debe hacer y cómo hacerlo para mejorar la calidad de vida no solo propia sino de los otros, son los más importantes profesores y maestras de liderazgo.

Inculcar cualidades y comportamientos como los que a continuación describo debe ser tarea esencial de las familias en las que en este momento se están moldeando las futuras generaciones.

Para estos tiempos turbulentos, inciertos y complejos que estamos viviendo, que todo indica que durarán un buen rato, lo que suceda dentro de los hogares será más importante que nunca en la formación de esos líderes del futuro. Pienso que inculcar cualidades y comportamientos como los que a continuación describo debe ser tarea esencial de las familias en las que en este momento se están moldeando las futuras generaciones:

Altruismo, que es lo opuesto al egoísmo. El excesivo individualismo, el anteponer siempre el bienestar personal al colectivo, y la competencia voraz en vez de la cooperación, son las principales causas de los graves problemas que aquejan al mundo actual –el cambio climático, la desigualdad, la violencia, y el muy inequitativo impacto de la pandemia–.

Integridad. La corrupción está causando graves estragos no solo en Colombia, sino en muchas otras naciones. La cantidad de ladrones y el tamaño de sus robos, tanto en el sector público como en el privado, está creciendo exponencialmente. Las autoridades de control están incumpliendo flagrantemente su misión. Y la Justicia es muy lenta y poco eficaz –impera la impunidad–. Formar personas honestas, decentes y transparentes es ahora más importante y urgente que nunca.

Sensibilidad. La empatía escasea por doquier. Millones de personas que a duras penas sobreviven en la miseria son “invisibles” para el resto. Comunidades azotadas por tragedias de la naturaleza conmueven a muy pocos. Víctimas de la violencia son tan frecuentes que el grueso de la opinión pública se ha vuelto indiferente a ese horror.
Concluyo reiterando mi llamado a padres y madres de familia a que tomen plena conciencia de su trascendental rol como forjadores de buenos líderes de un mejor futuro para todos.

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