La académica china que se niega a promover una ‘generación de blanditos’

La académica china que se niega a promover una ‘generación de blanditos’



Estoy en la parada del tren que sale de Nueva York a Connecticut, chequeando los mensajes de un grupo de señoras del aledaño Upper East Side con las que me disculpo de no poder ir a almorzar, ya que surgió la posibilidad de una entrevista con Amy Chua, en New Haven (…). En general, entre mis amigas profesionales, si de casualidad menciono a algún intelectual al que voy a entrevistar, tengo que dar una larga descripción acerca de quién es y qué hace. Esta vez ni siquiera puedo terminar de decir el nombre. “¡
La Tiger Mom
!”, saltaron todas.
Una década atrás,
Chua cambió la forma en la que Estados Unidos veía la crianza de las nuevas generaciones.
Antes del advenimiento de la cultura
woke
(que aboga por la igualdad de las minorías), Chua fue considerada la voz de alerta de que se estaba generando un futuro de adultos ‘blanditos’, que se quejaban de todo y que serían devorados por los de las potencias emergentes.

El escándalo vino en forma de libro autobiográfico, el
best seller Battle Hymn of the Tiger Mother
(traducido como
Madre tigresa, hijos leones. Una forma diferente de educar a las fieras de la casa
), publicado en 2011. Chua, hija de inmigrantes de la minoría china de Filipinas, cuenta allí
cómo ella crió a sus hijas en la antípoda de las convenciones occidentales de moda.



Nada de “aprendizaje dirigido por niños”, ni de trofeos que se otorgan solo por participar. Obligaba, en cambio, a que
sus hijas dominaran instrumentos clásicos y mantuvieran calificaciones perfectas
. El libro provocó una reacción violenta, que se centró en algunas de las tácticas de Chua, que iban desde amenazar con quemar los animales de peluche hasta rechazar una tarjeta de cumpleaños hecha a mano que demostraba un esfuerzo insuficiente.
La hija menor de Chua se rebeló a los 13 años, eligiendo el tenis competitivo en lugar del violín; pero,
en su mayor parte, el sistema de Chua funcionó,
al menos en cuanto a los símbolos externos del sueño americano. Sophia y Louisa (Lulu), las “cachorras de tigresa”, como fueron inmediatamente llamadas por la prensa, se graduaron de Harvard y Yale, tocaron en Carnegie Hall, tuvieron éxitos deportivos y ahora están embarcadas en sendas carreras profesionales.

“Fue duro, pero básicamente haría todo igual —suspira Chua al recibirme en su enorme casa de piedra, en un barrio residencial cerca de la Universidad de Yale, donde es profesora de Derecho—. El beneficio que les trajo su crianza fue importante. No estoy hablando de las universidades de renombre, las salas de concierto y demás. Estoy hablando de que mis hijas se vieron forzadas a crecer con lo que los americanos llaman
grit
, con agallas y con la capacidad de recobrarse de los fracasos. En cambio,
veo entre mis alumnos que, si algo no sale como ellos querían o no les gusta una situación, ya no pueden siquiera venir a clase
. Son estudiantes de Derecho, de 25 a 30 años, y muy frágiles”.
¿Es algo que le parece generalizado o solo parte de un grupo en universidades de élite de EE. UU.?


La educación está en una crisis terrible. Entiendo que Estados Unidos es punta de lanza, pero el resto del mundo occidental parecería seguir en ese mismo camino. Hace 25 años que soy profesora y nunca vi una cosa así. Mis estudiantes están más ansiosos y tensos que nunca. Es muy interesante. Tengo una clase en la cual les pido que escriban unos ensayos sobre temas actuales provocativos y yo se los respondo por escrito en detalle. Antes, yo solía decir: “Compartamos lo que cada uno escribió en voz alta y debatamos”. Ahora todos tienen miedo. Me escriben unas cosas fantásticas, interesantes, originales, y me dicen por lo bajo: “¿Podría no compartirlo con la clase?”. Algunos incluso me consultan: “¿Podría en la clase decir exactamente lo opuesto a lo que escribí?”. Entonces, tomé la decisión de que siempre voy a leer los ensayos en voz alta de forma anónima y listo. Creo que es una lástima que tan pocos se animen a presentar ideas y defenderlas. La cultura de la cancelación es real. Yo les pregunto, “¿pero de qué tienen miedo? Entraron en una gran escuela de Derecho, obviamente son muy inteligentes, ¿cómo no quieren debatir?”. Me responden: “no queremos que nos destruyan en las redes sociales”. Cualquier cosa que digamos puede ser sacada de contexto y hacer que la gente piense que estamos, por ejemplo, en contra de algún grupo minoritario, o podría ser malinterpretado. Simplemente, no vale la pena. Y si accidentalmente uno es cancelado, nadie va a aceptar una cita, así que ahí se esfuma toda la vida social.

¿En serio lo de la vida social importa tanto como para ir en contra de ideales tan abiertamente?


Creo que este ejemplo lo demuestra bien: hace poco hubo una gran protesta de estudiantes. El 60 por ciento de los alumnos firmó una carta abierta criticando —no a mí, increíblemente— sino a la decana. Les pregunté por qué lo habían hecho. La mayor parte me respondió que no querían firmar, pero que habían sido presionados a hacerlo, que si no lo hacían, serían acusados de ser ‘anti’ algo. Otros me dijeron “es que va mi novia” o “va la persona que quiero que sea mi novio”. No ir a una protesta y no firmar lo que un grupo muy progresista está empujando —aún en ambientes universitarios donde todos son, históricamente, ya de por sí muy progresistas— implica ser socialmente cancelado.
                                                                          ***

Lo de ser cancelado Chua lo vivió en carne propia.
Ni ella ni su marido, Jeb Rubenfeld, son políticamente conservadores —ella dice que Rubenfeld históricamente ha sido “muy de izquierda”, mientras que ella es una “firme independiente”—, pero son provocadores.

El punto más claro fue cuando, a diferencia de sus pares en la universidad, no retiró su apoyo a Brett Kavanaugh, cuando en 2018 salieron acusaciones de conducta sexual inapropiada en su aspiración a la Corte Suprema.


Es la Kim Kardashian de la Academia.
Sabemos que no hay un motivo racional por el cual absorbemos cada detalle de la saga de Amy Chua, pero, aun así, jamás nos perderíamos un capítulo. En el último, ella toma las armas contra la escuela de Derecho de la Universidad de Yale, los académicos y la totalidad del sector altamente educado y privilegiado que devora todo lo que ella hace. Es el
reality show
para la élite”, describió el no particularmente amarillista Bloomberg News.

Porque, al mismo tiempo que se acumulan sus detractores, no hay profesor que despierte más fanatismo que
Chua: de toda la facultad, es de lejos quien tiene la mayor lista de espera para sus clases
.

Es sabido que del grupo que ella
mentorea suelen salir superestrellas
de los distintos ámbitos. Por ejemplo, el periodista Ronan Farrow, o J.D. Vance, a quien ella convenció, cuando él estaba en primer año de Abogacía, de escribir
Hillbilly, una elegía rural. Memorias de una familia y una cultura en crisis
, el libro sobre crecer blanco y extremadamente pobre en EE. UU., que fue un gran
best seller,
marcó una época y es considerado el primero que pudo realmente explicar el último triunfo republicano.

Pero, sobre todo, Chua es conocida como la referente de jóvenes de distintas minorías a quienes ayuda a conseguir puestos de asistente de los jueces más poderosos, considerados el punto de partida para las grandes carreras judiciales que solían estar reservadas para el establishment (…)
Según Chua,
los jueces quieren alguien a quien se le pueda decir “este trabajo es horrible, está mal hecho”
y que no lo lleven a uno a juicio, sino que aprendan de sus errores. “Este es muy generación Z, no puede trabajar aunque quisiera; día de por medio todos me faltan para encontrar un balance en su salud mental”, enumera Chua como los comentarios que los grandes referentes de la justicia norteamericana suelen hacerle sobre los asistentes típicos que —contrariamente a los que ella selecciona— crecieron sobreprotegidos. (…)
Porque el tema con Chua, es que, claro, siempre se vuelve la mamá tigresa. Ella no reniega de su éxito en el mundo editorial extra académico, pero cuenta que
le costó conseguir que los editores vieran con beneplácito que ella volviese a temas serios.

Después de
Tiger Mom
escribió, junto con su marido,
The Triple Package (El paquete triple: cómo tres rasgos poco probables explican el auge y la caída de los grupos culturales en Estados Unidos
), en el que, en cierta forma, continúa su obsesión y la de tantos norteamericanos por el éxito.

Con el uso de estadísticas a lo largo de la historia,
identificaron tres características que prevalecen en ciertos grupos que superan los promedios nacionales
en una serie de indicadores elocuentes como el ingreso. Chua y Rubenfeld sostuvieron que los rasgos de inseguridad, complejo de superioridad y control de los impulsos generan agallas y éxito desproporcionado.
“Puede parecer extraño pensar en alguien que se siente al mismo tiempo superior e inseguro, pero es precisamente la combinación improbable lo que genera una necesidad de probarse a uno mismo que hace que las personas sacrifiquen sistemáticamente la gratificación presente en busca de logros futuros”, dicen los autores.

Entre los grupos que estudiaron estaban los mormones, judíos y los inmigrantes asiáticos, cubanos y nigerianos en Estados Unidos, aunque
subrayan que cualquiera puede adoptar las características del triple paquete
, y es la fórmula de éxito que Chua se anima a recomendar.

“Está muy ligado con la experiencia inmigratoria. Gente que, como mi familia, llegaba al país muy asustada. Tenían miedo de que sus hijos no sobrevivieran en el entorno hostil, y por eso les exigían las mejores notas. Querían que fueran médicos o científicos porque no sabían hablar el idioma, pero siempre estaban los números y las fórmulas. Creo que, en realidad,
el libro de la Tiger Mom es sobre mis propias dificultades
para replicar esto, porque soy hija de inmigrantes, pero mis hijas crecieron en un entorno privilegiado, y yo quería transmitirles lo que me llevó a progresar a mí”, sostiene.

Las hijas de la
Tiger Mom
son las primeras en resaltar que en el libro, aun cuando su madre daba recomendaciones como “las únicas actividades que se les debe permitir a los hijos son aquellas en las que puedan ganar una medalla, y esa medalla debe ser de oro”, había un fuerte elemento de autoparodia. Eso sí, ellas hoy respetan el modelo.
El libro de Chua ha convencido a padres alrededor del mundo que la ‘mano firme’ es la única forma de incentivar la excelencia en sus hijos. El problema con correr a implementar los métodos de la
Tiger mom
sin previa consideración, es que no se tiene en cuenta que
los resultados expuestos en el libro son producto de una experiencia personal y no de una investigación científica
.

Esto quiere decir que hay variables que pueden cambiar la respuesta de los niños a un tratamiento tan duro como este.

En marzo de 2013, dos años después del lanzamiento del libro de Chua, el
Asian American Journal of Psychology
publicó un estudio en el que no solo desmintió el estereotipo de que los padres asiáticos en su mayoría aplicaban modos de crianza más estrictos, sino que también
controvirtió los efectos milagrosos del tiger parenting

al comprobar que los niños expuestos a este método tenían un menor promedio que aquellos que habían tenido una crianza más laxa.

Además, el estudio también pudo comprobar que
los hijos de padres menos estrictos presentaban una mejor adaptación social y emocional,JUANA LIBEDINSKY

LA NACION (ARGENTINA) – GDA

En Twitter: @LANACION



Tomado de el Tiempo.com

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