Infraestructura y aprendizaje , una estrecha relación

Infraestructura y aprendizaje , una estrecha relación



Ampliar, mejorar y construir nueva infraestructura educativa ha sido uno de los objetivos de Colombia para aumentar la cobertura, llegar con
educación
a las regiones y mejorar las condiciones de las instalaciones actuales.

Pero ¿cómo hacerlo de forma óptima? En eso ha trabajado durante más de una década
Peter Barrett, investigador de la Universidad de Oxford y asesor de organizaciones como el Banco Mundial, Unicef y la Ocde.
En sus investigaciones encontró, entre otras cosas, que el rendimiento académico de los estudiantes está íntimamente relacionado con los entornos donde hacen sus actividades académicas.
En diálogo con EL TIEMPO, el británico, que participará en el segundo Foro de Educación Fundación Barco en Colombia, sostuvo que es necesario que, desde los diseños de la infraestructura educativa, el Gobierno planee construir escenarios propicios para el aprendizaje, y dio indicaciones de cómo optimizar los espacios existentes a muy bajo costo, con estrategias tan simples como el color de las paredes.
Es una pregunta muy grande. En la construcción de las escuelas suele haber una inversión multimillonaria. Todos estamos de acuerdo en la necesidad de construir los colegios para que estos sean seguros, que su estructura sea resistente, porque deben durar varios años. Damos eso por hecho. Pero, lastimosamente, eso no siempre ocurre, por lo que en primer lugar, desde la planeación, los diseños,
las escuelas deben ser duraderas y resistentes a terremotos, incendios e inundaciones.

Cuando empecé a manejar estos temas, ese era mi trabajo, analizar que los espacios fueran seguros. Pero al trabajar con el Banco Mundial, encontramos que hay ciertos factores como el agua potable y el saneamiento básico, y otros, que están íntimamente relacionados con el aprendizaje de los estudiantes, pero también el ambiente de trabajo de los profesores, lo que en última instancia afecta el desarrollo académico. Entendimos que mejorar esos aspectos desde las instalaciones nos ayuda a mejorar el trabajo docente e impactamos en la concentración y el aprendizaje de los niños.
Nos hicimos la siguiente pregunta: ¿cuál es el diseño óptimo de espacios de aprendizaje y su efecto en el desarrollo formativo? Desde hace 10 años empezamos a estudiar esto en las escuelas primarias del Reino Unido. La idea fue hacer el estudio centrándonos en los individuos, siempre con la idea de poder replicar estos modelos y resultados alrededor del mundo.

Lo que hicimos fue medir el progreso académico de 3.776 estudiantes y lo comparamos con el entorno en que estudiaban. Esta es la primera vez que se buscó hacer algo así en el mundo.

Encontramos que el entorno tiene un impacto de una variación del 16 por ciento en el avance académico de los estudiantes.
Eso no es algo menor, si tenemos en cuenta que el 70 por ciento se explica solo por la capacidad académica inicial, que no se puede intervenir.

Estamos hablando de un 30 por ciento que sí está en nuestras manos para acelerar los aprendizajes, y más de la mitad de eso tiene que ver con la infraestructura y los entornos escolares. Y encontramos que también se afecta la calidad de la enseñanza de los profesores.
La infraestructura escolar es algo que no se debe tomar a la ligera.
Hay cuatro factores universales, naturales, en cada espacio educativo que impactan directamente en el aprendizaje:
la temperatura, la iluminación, la calidad del aire y el sonido o acústica.
Son aspectos que se pueden medir de manera universal en cualquier parte del mundo.

Del 16 por ciento que mencioné antes, la mitad se desprende de estos cuatro factores. La otra mitad se desprende de factores de individualización (la apropiación del espacio) y de estimulación (como el color de las paredes o la distribución de los muebles). Estos resultados nos sorprendieron, pero al mismo tiempo es algo alentador porque muchas de estas cosas las puede hacer un profesor de manera práctica y sencilla, sin necesidad de grandes recursos.

Los niños volvieron a las aulas con muchos problemas de aprendizaje después de tanto tiempo de aislamiento, que es sin duda un término que no favorece el aprendizaje.
Nos hemos dado cuenta de que por eso les está costando la estimulación en las aulas.
Hay que manejar mejor los elementos físicos que favorecen que sus mentes estén no solo concentradas, sino activas, inmersas en el proceso formativo.

Otro aspecto importante es que, si bien las escuelas son construidas para durar por décadas funcionando, su equipamiento sí debe ser actualizado constantemente. Mejores muebles, pupitres, pero sobre todo tecnología, ya que estos elementos son un complemento en el proceso pedagógico, generan interés en el estudiante y los estimula. La dotación de las escuelas es algo que no podemos dejar de lado en ningún momento.

Y, además, tomar en cuenta en la construcción de los espacios la flexibilidad de la práctica pedagógica. De nuevo, las escuelas duran por años, pero la forma de enseñar se actualiza, y la infraestructura debe tener en cuenta esos posibles cambios en la enseñanza.
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Esa es una gran pregunta que llevamos años tratando de resolver. Tuvimos esa discusión precisamente con el Banco Mundial. Lo que yo digo es enviarle este mensaje al Gobierno:
ese dinero se va a gastar. ¿Por qué no invertirlo usando esas técnicas y estrategias para la construcción de las escuelas? ¿Por qué no hacerlo sabiendo que los resultados son positivos en otras metas del Gobierno como la calidad, mejorando estos indicadores?
Se suele pensar que hacer diseños con enfoque pedagógico es más costoso, y no lo es necesariamente. Es simplemente cambiar un poco la perspectiva de la construcción del espacio.

Otra opción, si lo anterior por alguna razón no es viable, es invertir en capacitar a los maestros sobre cómo flexibilizar y optimizar el espacio que tienen disponible en sus aulas.
Las recomendaciones y técnicas básicas, las que cualquier profesor o directivo puede aplicar, son estas: en el nivel más simple, el color de los salones de clase hace la diferencia. Por ejemplo,
la pared donde el maestro está enseñando debe ser clara, blanca o beige, pero alrededor del aula tener puntos de colores de otras intensidades, no colores muy vivos ni muy claros.
Esto tan sencillo marca toda la diferencia.

También es importante la manera como el docente utiliza los espacios. En Inglaterra tenemos un problema y es que las paredes están saturadas de muchos colores, palabras e imágenes. La idea es buscar un punto medio para que no estemos en escenarios de niños aburridos o de estudiantes sobreestimulados, bombardeados de distracciones a su alrededor.

Con esto no hemos construido nada. Solo son cambios de decoración, si se quiere entender de esta forma. Es decir, se pueden mejorar los entornos incluso en construcciones más antiguas que ya cuentan con diseños arquitectónicos más bien tradicionales.
Por lo general, los salones tienen un determinado número de filas con un determinado número de asientos. Eso es monótono. Una técnica pedagógica muy efectiva es variar esa distribución de manera recurrente. Se pueden hacer círculos, se puede dar la clase en el piso, en otro salón o en el patio. Esto no es algo nuevo.
Sería ideal construir espacios pequeños, distintos a las aulas de clase. Espacios que puedan cambiar la dinámica de las clases, donde los estudiantes puedan asociarse, hacer actividades en grupo sin necesidad de estar sentados, o al aire libre, donde se puedan hacer exposiciones, trabajos grupales, explorar, generar conversaciones, experimentar, etc.

Y esto no es solo para nuevas instalaciones, que en un país como Colombia buscan ampliar la cobertura. A los gobiernos les gusta hacer grandes proyectos, megaescuelas.
Pero si existe la posibilidad, por ejemplo, de hacer proyectos más pequeños de mejoramientos de infraestructura actual, con planes y diseños muy específicos, se podría cambiar cada escuela de una manera económica.
Esto generaría un impacto positivo en los aprendizajes de una mayor cantidad de estudiantes, niños que ya están en sus colegios y que de otra forma no tendrían la posibilidad de tener este tipo de impacto en su proceso formativo.
La forma del salón no importa mucho. En el Reino Unido, por ejemplo, son rectangulares como en la mayoría de lugares. Lo que importa es qué se hace ahí y en los demás espacios para el aprendizaje con los que cuenta una escuela.

MATEO CHACÓN ORDUZ

Redacción Educación
@DMateoChacón



Tomado de el Tiempo.com

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