Entre el 5 y 10% de los niños padecen déficit de atención, ¿cómo identificarlo? – Educación – Vida

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El trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los diagnósticos más referenciados, sobre todo cuando se habla de dificultades escolares. Y es que de acuerdo con el Instituto Neurológico de Colombia, en el país existe una prevalencia entre el 5 y 10 por ciento de los menores, esto indicaría que, en un aula de 40 estudiantes entre 2 y 4 de ellos probablemente cuentan con este diagnóstico.

Esto supone un reto, y quizá un temor para los docentes, quienes al escuchar que uno de sus alumnos tiene dicho diagnóstico, a su mente vienen imágenes de un niño que, dicho de forma popular, “no se queda quieto”, “va a interrumpir la clase”, o en resumen, un niño que “se porta mal”.

El TDAH tiene como características principales una serie de fallas en la atención manifestadas a través del descuido en detalles o errores en tareas escolares, tareas prolongadas que pueden incluir tareas de su interés, pocas habilidades para la organización y planeación de actividades largas, entre otros” comenta Ángela Lucia Sánchez, Docente de la Especialización en Psicología Clínica Infantil de la Universidad El Bosque.

La presencia de signos de hiperactividad o impulsividad se manifiestan a través de conductas como el jugueteo con manos o pies, siendo estas las principales señales de alarma. A esto se suman otros como dificultad para permanecer en la silla en situaciones donde debe mantenerse sentado, o en continuar alguna actividad que, sea o no recreativa.

“Podemos evidenciar patrones conductuales en la implementación de habilidades sociales y emocionales, entre los que se han podido observar preferencias por juegos que tengan actividades que involucren motricidad gruesa, así mismo, se logra evidenciar inmadurez emocional, lo cual se relaciona con las dificultades en gestión y regulación de emociones ante situaciones de frustración, tristeza y enojo que son regularmente las desencadenantes de conductas inadecuadas” afirma Luisa Pineda, Especialista en Psicología Clínica.

El impacto en los niños y adolescente es grande al no poder adaptarse de manera natural al contexto, se encuentra en repetidas ocasiones rechazo directo por parte de compañeros y docentes, incrementando sus dificultades en cuanto a autoconcepto y la manera en la que se relaciona, lo que termina retrasando además su proceso de desarrollo en cuanto a habilidades comunicativas, siendo característico del diagnóstico (más no un criterio del mismo) mostrar respuestas impulsivas, pasivo/agresivas e incluso desafiantes ante situaciones de incomodidad o de autoridad.

El TDAH tiene 2 perfiles: personas descritas como extrovertidas, cuyo cuerpo no concibe la quietud y sus conductas tienen un tono de urgencia en todo momento. También el TDAH percibido en este caso como personas introvertidas, que parecen “no escuchar”, y aunque en el aula de clases no son protagonistas, su atención constantemente se deja llevar por detalles de su alrededor dejando la tarea asignada en segundo plano; un perfil menos llamativo al no interferir con las actividades de la clase, pero igual de preocupante para su desarrollo.

La intervención terapéutica para personas con TDAH tiene 2 frentes de acción: el cognitivo y emocional. Desde el proceso cognitivo el trabajo se encamina a fortalecer la capacidad para mantener el foco atencional en las actividades correspondientes e inhibir los estímulos externos que no sean relevantes para cumplir con la tarea asignada. Para esto se puede trabajar mediante tareas que la persona realiza por periodos de tiempo más prolongados, y a la que se añaden estímulos distractores para entrenar este proceso cognitivo para el momento en el que se enfrente a las tareas de su contexto natural.

Por otro lado, se trabaja el control de conductas impulsivas y poco adecuadas de acuerdo con el contexto, para ello, la ejecución de actividades que pueden detonar dichas conductas y el entrenamiento mediante auto instrucciones será de mucha utilidad, con un manejo de recompensas a largo plazo en aras de una retribución en el futuro, nos permitirán fortalecer dicho proceso.

“La validación de emociones permitirá 1) identificar cuál es su emoción etiquetarla y expresarla, 2) a partir de dicha etiqueta nos podrá explicar qué detonó dicho comportamiento, 3) acompañar y explicar la situación desde la calma, así los niños podrán tener un mejor modelo para gestionar emociones que por años categorizamos como negativas, les damos alternativas para expresarlas y fortalecemos un auto concepto relacionado con el control de su comportamiento” dice Daniel S. Villamil, Docente de la Especialización en Psicología Clínica Infantil de la Universidad El Bosque.

REDACCIÓN EDUCACIÓN

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Tomado de el Tiempo.com


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