En Colombia, ir a la escuela es un desafío de supervivencia – Educación – Vida


“Les voy a hablar sobre un tema que afecta el derecho a la educación en mi territorio: el conflicto armado. Nos afecta porque las balas y los ataques han dañado los recursos que tenemos para nuestro aprendizaje y la infraestructura de nuestros colegios… Además, hacen que haya mucha deserción escolar, que muchos niños y niñas terminen en grupos armados o en desplazamiento forzado porque no tienen alternativas de aprendizaje…”

Con voz suave pero firme, esto y más les dijo Ana Sofía, estudiante en un municipio del Cauca, a decenas de asistentes en la Conferencia de Financiación de Alto Nivel del fondo La Educación No Puede Esperar (Education Cannot Wait) en Ginebra, Suiza, el febrero pasado.

Sus palabras reflejan la realidad de miles de niñas, niños y adolescentes en distintas partes del país. Las cifras confirman su valiente y valioso testimonio: el 60 por ciento de los eventos armados registrados el año pasado afectaron directamente a 268.524 niños, niñas y adolescentes, un 11,5 por ciento más que en el 2021, según el Observatorio de Niñez y Conflicto Armado (ONCA).

Por eso, en el marco de la celebración del Día del Niño, el próximo 29 de abril, las el Consejo Noruego para Refugiados, Fundación Plan, Save the Children, Unicef y World Vision, que trabajan conjuntamente -con el apoyo del fondo Education Cannot Wait- en temas de educación en emergencias y crisis prolongadas, hacen un llamado para aunar y promover esfuerzos que conduzcan a tener entornos y escuelas más seguras y así garantizar el derecho a la educación de la niñez colombiana.

“Si vemos interrumpida la educación por temas de conflicto, ataques, por afectaciones sobre ellos y ellas estamos poniendo en riesgo su educación y su proyecto de vida”.

Catalina Duarte Salcedo, especialista en educación de Unicef y coordinadora del programa financiado por el Gobierno de Canadá en apoyo a La Educación No Puede Esperar (Education Cannot Wait) en Colombia, afirma que “la escuela debe ser un entorno libre de conflicto armado o de cualquier otro conflicto. Este es el lugar más importante para los niños, niñas y adolescentes, porque cuando aprenden a leer a la edad correcta -antes de los 10 años- implica que de ahí en adelante van a poder leer para aprender. Si vemos interrumpida la educación por temas de conflicto, ataques, por afectaciones sobre ellos y ellas estamos poniendo en riesgo su educación y su proyecto de vida”.

Este llamado ante el recrudecimiento de acciones violentas y armadas en el país en las que se han visto afectadas las escuelas y centros educativos poniendo en riesgo a niños y jóvenes, cobra aún mayor relevancia ante datos como este: entre enero y septiembre de 2022, al menos 12.000 estudiantes, profesores y personas de la comunidad educativa, como cuidadores y personal administrativo, tuvieron que suspender temporal o indefinidamente las clases, según el seguimiento que realiza el Consejo Noruego para Refugiados.

Pero esta no es la única forma en que se ven afectadas las comunidades educativas por acciones armadas. Los menores de edad también se ven expuestos a ser víctimas de reclutamiento por parte de grupos armados y sufrir desplazamiento forzado, violaciones contra el derecho a la vida, secuestro y violencia y abuso sexual. De acuerdo con ONCA, en el 2022, los departamentos donde más se presentaron eventos de conflicto armado que afectaron de manera directa a niños y jóvenes fueron Cauca, Norte de Santander, Valle del Cauca, Arauca, Chocó, Antioquia, Nariño, Caquetá y Putumayo.

Estudiar, todo un desafío

Celebramos que el Plan Nacional de Desarrollo incluya la implementación de la Declaración sobre Escuelas Seguras, marcando el camino para proteger a estudiantes, docentes e instituciones educativas.

Bien lo sabe Yuleida Luna, joven de 20 años que acaba de terminar su bachillerato y quien también participó en la Conferencia de Gienebra. “Para niñas, niños y jóvenes desplazados, migrantes y refugiados que viven en el campo colombiano como yo, estudiar es la única esperanza ante un conflicto ajeno y extremadamente largo. Sin embargo, desde que salía de mi casa para ir a la escuela, comenzaba mi desafío: cruzar caminos con peligros como una mina antipersona y quebradas sin puentes. Recuerdo que en mi comunidad un niño tuvo un accidente con una mina antipersona en sus dos piernas y hasta ahora no tienen acceso a la educación. No contamos con aulas o las herramientas suficientes para que un niño con discapacidad reciba su formación académica” .El pronunciamiento del Consejo Noruego para Refugiados, Fundación Plan, Save the Children, Unicef y World Vision también hace énfasis en la importancia de la Declaración sobre Escuelas Seguras, a la que se han adherido 116 países, incluida Colombia. Es un compromiso que aporta a la protección del derecho a la educación.

“Vemos con preocupación que las escuelas queden en medio de enfrentamientos armados, o que en los caminos haya presencia o sospecha de minas y otros artefactos explosivos. Celebramos que el Plan Nacional de Desarrollo incluya la implementación de la Declaración sobre Escuelas Seguras, marcando el camino para proteger a estudiantes, docentes e instituciones educativas. Ahora es el momento de realizar acciones concretas para proteger la educación en zonas de conflicto armado en el país”, agregó Catalina Duarte Salcedo.

Esta Declaración compromete a los países firmantes a prevenir el uso militar de las escuelas y universidades; a recopilar datos y fomentar respuestas ante ataques a establecimientos educativos, sus estudiantes y profesores, y a fortalecer el rol de protección que tiene la educación durante conflictos armados y asegurar la continuidad educativa, entre otros.

Ana Sofía y Yuleida conocen bien esta Declaración y tienen esperanzas de lo que se pueda lograr con ella. “Queremos que nuestros colegios, que son nuestro segundo hogar, sean lugares seguros desde donde podamos construir paz”, dice Ana Sofía. Y Yuleida remata: “ahora espero que nos sentemos con el gobierno de Colombia para que escuchen nuestras propuestas que permitan a todas las niñas y niños salir sin miedo a la escuela y regresar a sus casa seguros. Hagamos que aprender deje de ser un desafío de supervivencia y se convierta en un desafío intelectual”.

Declaración sobre Escuelas Seguras

Catalina Duarte Salcedo, especialista en educación de Unicef.

Foto:

Néstor Gómez – CEET

Según la Comisión de la Verdad y Educapaz, entre 1986 y 2021 se presentaron 881 casos de afectación a comunidades educativas durante el conflicto armado en Colombia, perpetrados por todos los actores armados, poniendo en riesgo a los niños y jóvenes y limitando su derecho a la educación.

No es un caso particular del país, en otras naciones los menores de edad también han sufrido los efectos de enfrentamientos armados. Por eso, en 2015, surgió la Declaración sobre Escuelas Seguras, un compromiso de la Comunidad de Naciones para respetar el carácter civil de los centros educativos y proteger a estudiantes, profesores y colaboradores de los efectos de la violencia y conflictos armados.

“Además de prevenir el uso militar de las instalaciones de colegios, universidades o cualquier entorno educativo, esta Declaración tiene aspectos clave como recopilar datos y establecer respuestas oportunas sobre qué fue lo que pasó, cómo acompañar los niños y niñas que estuvieron afectadas por temas de seguridad y cómo prevenir que vuelva a pasar. También fomenta la rendición de cuentas por los ataques contra la comunidad educativa para su no repetición”, comenta Catalina Duarte Salcedo, especialista en educación de Unicef y coordinadora del programa financiado por el Gobierno de Canadá en apoyo a La Educación No Puede Esperar (Education Cannot Wait) en Colombia.



Tomado de el Tiempo.com

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