América Latina no alcanzará las metas de educación de la Agenda 2030

América Latina no alcanzará las metas de educación de la Agenda 2030



Hace siete años, en septiembre de 2015, la Asamblea General de la ONU adoptó la
Agenda 2030
, la cual contiene los
Objetivos de Desarrollo Sostenible
que los países deben alcanzar para el año 2030. A ocho años de que el plazo se venza, en el caso de América Latina,
los objetivos relacionados con educación no se cumplirán.

Así lo revelaron la Unesco, Unicef y la Cepal en su reciente informe regional de monitoreo de Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 4, el cual se refiere a la educación. El documento, titulado ‘La encrucijada de la educación en América Latina y el Caribe’, sostiene que en los últimos años no se ha logrado avanzar en el cumplimiento de este objetivo, que pretende la educación de calidad para todos y todas.

Concretamente, destaca que el cumplimiento de las metas previstas para el 2030 de por sí no estaba asegurado antes de la pandemia de covid-19. Sin embargo,
tras la pandemia, el panorama es mucho menos alentador dadas las dificultades en el sector educativo que se acentuaron con la emergencia.

“Ante esta situación muchas metas no serán alcanzadas si no se logra modificar el rumbo de las políticas y la asignación de recursos para la educación”, se lee en el documento, que se espera que sirva de guía para los tomadores de decisiones de los países de la región, de cara a la próxima la Cumbre sobre la Transformación de la Educación, convocada por el secretario general de las Naciones Unidas, y que tendrá lugar del 16 al 19 de septiembre.
Para Claudia Uribe, directora de la oficina regional de la Unesco, los resultados del informe muestran noticias muy positivas respecto al avance de algunos indicadores relacionados, por ejemplo, con la lucha contra el analfabetismo. Sin embargo, “refuerza la apremiante necesidad de una mayor inversión y capacidades estatales para conducir los procesos de mejora y transformación sistémica de la educación para acelerar el avance en las metas educativas establecidas en 2015”.

De esta forma, se muestran cinco grandes hallazgos: dos positivos y tres que generan preocupación.
El primero de ellos tiene que ver con la continuidad en el crecimiento del nivel educativo de la población.

Y es que desde hace más de 20 años la región tiene muy buenos resultados en la lucha contra el analfabetismo. Actualmente,
la tasa de alfabetización de personas mayores de 15 años en América Latina y el Caribe pasó del 89 por ciento en el año 2000 al 94,5 por ciento
(último año del que se tienen datos). En el caso de las personas mayores de 65 años, la alfabetización pasó del 71,1 por ciento al 82,7 por ciento en el mismo periodo.
Alejandro Vera, jefe de Monitoreo y Planificación de la Educación para América Latina de la Unesco, destaca que “esto no es un fenómeno reciente, sino sostenido en las últimas dos décadas. Es decir,
se ha hecho un trabajo constante para mejorar este indicador, una dinámica estructural de nuestros sistemas educativos”.


Lo mismo se podría decir del nivel educativo que alcanzan los mayores de 15 años. Actualmente, el 81 por ciento termina su primaria; el 63,9 por ciento, la básica secundaria y el 49,3 por ciento culmina su bachillerato. En todos los casos se ven crecimientos de más del 10 por ciento desde 2006 hasta 2019. Esto demuestra que cada vez las personas adquieren mayor nivel educativo.

Esto último se relaciona con la segunda tendencia positiva del informe, y es que desde que se instauró la Agenda 2030 ha mejorado el acceso a la educación y la finalización de los procesos educativos.

Por ejemplo, la tasa de matrícula en programas de desarrollo educativo para la primera infancia (preescolar) actualmente se ubica en el 18,6 por ciento, cuando en 2015 esta era del 15,3 por ciento, y en 2006 fue del 10,1 por ciento. Esto resulta llamativo, dado que es el nivel educativo tradicionalmente con menos estudiantes matriculados, pero que, de acuerdo con expertos en desarrollo infantil, resulta fundamental para garantizar buenos resultados de aprendizaje.

Sin embargo, estos resultados deben verse con cautela y es posible que se observe alguna reversión en los próximos años, según explica Rada Noeva, directora regional adjunta a cargo de la Oficina Regional de Unicef para América Latina y el Caribe:
“Entre 2015 y 2020, la matrícula de la educación preprimaria (de cero a dos años) se incrementó en 2,1 millones de niños y niñas, un ritmo más acelerado que en los años anteriores.
Sin embargo, desde el inicio de la pandemia, hemos observado cómo la primera infancia no ha sido priorizada, lo que pone en riesgo estos avances. Urgimos a los gobiernos a invertir en la primera infancia para que ningún niño o niña se quede atrás”.

Opinión similar es la de Alberto Arenas de Mesa, director de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal): “Se estima que en 2019, 10,4 millones de niños, niñas y jóvenes se encontraban excluidos del acceso a la educación primaria y secundaria en América Latina y el Caribe, y estas cifras son anteriores a la pandemia, cuyos efectos agregan mayor fragilidad a las trayectorias que garantizan la permanencia en el sistema educativo”.

También es positivo que hoy el 61,9 por ciento de los jóvenes de la región finaliza su bachillerato, cuando hace 20 años menos de la mitad de las personas terminaba su colegio (el 43,5 por ciento).

“Otra buena noticia respecto a esta tendencia –dice Alejandro Vera– es que este crecimiento ha sucedido acompañado de una reducción de las brechas.
Por ejemplo, respecto a las brechas de finalización de la secundaria entre zonas rurales y urbanas, la reducción en los años analizados fue de 10,6 puntos porcentuales
”. Algo similar ocurre cuando se analizan los datos en poblaciones según sus ingresos económicos.
Pero, como se dijo líneas arriba, el estudio encontró signos preocupantes de estancamiento en indicadores clave de acceso a la educación primaria y secundaria y en las evaluaciones de la calidad de los aprendizajes, y aumento de ciertas brechas específicas en el nivel terciario (educación superior).

“Existen algunas señales de alerta. Hay algunos indicadores donde se empieza a ver una desaceleración (en algunos casos, retrocesos). Dos indicadores clásicos, por ejemplo, como las tasas de matrícula y de asistencia al colegio, donde vemos que parecen haber llegado a una especie de meseta en la que ya no mejoran al ritmo necesario para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Con respecto a la asistencia, en educación media (grados 9.º, 10.º y 11.º), entre 2015 y 2020 este indicador mejoró solo 1,5 por ciento, al pasar del 77,3 por ciento al 78,8 por ciento. Aunque aumentó, no se compara con el crecimiento previo, que era de tres o cuatro puntos porcentuales cada quinquenio.

Respecto a la tasa de matrículas, del 2000 al 2017 esta pasó del 55,2 por ciento al 74,7 por ciento, uno de los crecimientos más rápidos del mundo. Pero desde ahí no ha podido superar el 77,5 por ciento actual.

“Estos dos casos se ven con gran preocupación, porque no solo hay un estancamiento, sino que se da a niveles bastante lejanos a la universalidad, que es precisamente la meta que se plantea en el ODS 4.
Estamos estacionados en estos niveles desde hace varios años y en dos temas fundamentales: que haya acceso a la educación y que los estudiantes efectivamente vayan a clase”, explica Vera.
Pero quizá los puntos que más preocupan tienen que ver con la calidad de la educación, los procesos de aprendizaje, donde, según el experto de la Unesco, “una de las mayores señales de alerta es el estancamiento en, tal vez, el tema más clave, que es el de los aprendizajes”.

Y es que cuando se mira el porcentaje de estudiantes que alcanzan las competencias básicas en el Estudio Regional Comparativo y Explicativo de la Unesco, se ve en grado tercero un retroceso de cuatro puntos porcentuales entre las dos últimas pruebas aplicadas (2013 y 2019), mientras que en matemáticas no hubo cambios.

La tendencia es la misma en educación secundaria. Las pruebas Pisa de 2015 muestran mejores resultados para los estudiantes de la región en lectura que las de 2018 (las últimas aplicadas). En matemáticas hubo una leve mejora de 1,5 puntos, mientras que en ciencias hubo un estancamiento total al no presentar variaciones.

“Esto que muestra la Unesco es sin duda una mala noticia –expresa Ricardo Álvarez, quien ha sido asesor en políticas públicas del Ministerio de Educación-.
Los sistemas educativos no solo han tenido el problema de intentar crecer con recursos limitados, sino que además se enfrentan al desafío de una baja en los resultados académicos,
lo que sin duda es un factor clave en cuanto a índices de desarrollo y generación de oportunidades para las poblaciones”.

Y es que la situación financiera del sector educativo a nivel regional no es precisamente la mejor. Aunque en algunos gobiernos, como el de Colombia, han venido aumentando el presupuesto para la educación, este no es el caso de todos los países. En muchas ocasiones, aumentar el presupuesto no implica que también se haga el gasto público.

De esta forma, la región está incluso en niveles inferiores a los registrados en el año 2000, cuando se gastaba en educación el 16,2 por ciento del presupuesto. Hoy ese porcentaje es del 15,4 por ciento.

“En otras palabras, los países hoy destinan más dinero a la educación, pero esto representa una parte cada vez más pequeña de sus presupuestos. Una recomendación de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y otras organizaciones es que en regiones como América Latina, la educación ocupe cada vez una mayor parte de la torta, si lo que se quiere es garantizar el desarrollo de la región. Eso no sucede en la actualidad”, explica Rodríguez.

Si bien lograr la universalización de la educación (o por lo menos estar cercanos a ella) parece imposible en el escenario actual, la Unesco considera que sí es urgente tomar acciones en virtud de los impactos que causaría no hacerlo.

Esto implica revisar los currículos, poner énfasis en la recuperación de aprendizajes, garantizar la educación como un derecho humano, trabajar intersectorialmente para garantizar el acceso y la permanencia, enfocarse en la formación docente y, en especial, centrarse en la educación secundaria, que es donde se presentan los peores índices de matrícula, deserción, inasistencia y nivel educativo.

MATEO CHACÓN ORDUZ

Redacción Educación



Tomado de el Tiempo.com

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